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La mayoría no leerá esto porque está muy largo… y por eso caerá. ¿Tú también?

  • Foto del escritor: Norman Correa Jaramillo
    Norman Correa Jaramillo
  • 1 jun
  • 4 min de lectura



Sentimos esperanza, miedo, indignación, orgullo, alegría o frustración: las emociones son una parte fundamental de nuestra humanidad. Sin embargo, cuando las decisiones colectivas más importantes se toman únicamente desde la emoción, corremos el riesgo de ser guiados por impulsos momentáneos y no por un análisis profundo de la realidad.


Hay momentos en la historia de una nación en los que cada decisión cuenta. Momentos en los que el futuro se construye desde la conciencia de millones de ciudadanos que deciden con responsabilidad.


Hoy vivimos uno de esos momentos.


Vivimos en una época en la que las emociones viajan más rápido que los hechos. El miedo, la indignación, la rabia y el miedo pueden propagarse en cuestión de segundos, y permanecer más tiempo en la memoria que un argumento bien fundamentado. Una imagen impactante, una frase cuidadosamente diseñada o una noticia sin fundamento pueden despertar reacciones inmediatas antes de que exista tiempo para reflexionar.


Quienes buscan influir en la opinión pública, y no tienen argumentos sólidos, conocen muy bien el poder de las emociones, y desde ellas manipular. Saben que una emoción intensa puede ser más poderosa que un argumento sólido. Saben que una fotografía, una frase, un gesto, puede transmitir una sensación, aunque no muestre toda la realidad. Saben que los símbolos, el lenguaje común o coloquial, la controversia, el baile, la risa, la charla, los chistes, los colores, la vestimenta y las puestas en escena pueden construir una imagen diseñada para provocar admiración, confianza, o temor, por lo tanto, influir en la percepción, o en pocas palabras, generar manipulación.


Pero una nación fuerte no se construye sobre emociones momentáneas. Se construye con ciudadanos que preguntan, investigan, contrastan y reflexionan.


(Si ya llegaste hasta aquí ¿te diste cuenta cómo te manipulé? Solo con el título te hice continuar leyendo. Solamente con una frase, palabras de peligro o un titular de noticias nos manipulan.)


También debemos recordar que somos seres sociales. Todos deseamos pertenecer, sentirnos acompañados y formar parte de algo más grande que nosotros mismos. Es natural. A lo largo de la historia, los seres humanos hemos encontrado protección y fortaleza en nuestros grupos. Esta necesidad puede llevarnos a aceptar ideas sin cuestionarlas cuando percibimos que la mayoría las respalda. A veces seguimos a un grupo no porque estemos convencidos de que tiene razón, sino porque tememos quedar aislados, ser criticados, sentirnos excluidos o cuestionarnos y entrar en conflicto con nosotros mismos por intentar cambiar de opinión. Sin embargo, la verdadera valentía aparece cuando somos capaces de pensar por nosotros mismos, incluso cuando la multitud avanza en otra dirección o hacia un peligro eminente. Porque no todo lo que repite una mayoría es necesariamente correcto. No toda idea popular es verdadera. No toda tendencia representa el mejor camino.


Las transformaciones más importantes de la historia comenzaron con personas que tuvieron el coraje de cuestionar, de analizar y de decidir con independencia. Hoy necesitamos ciudadanos así. Ciudadanos que no compartan información sin verificarla. Ciudadanos que no permitan que el miedo decida por ellos. Ciudadanos que escuchen diferentes puntos de vista antes de formar una opinión. Ciudadanos que comprendan que el amor por su país se demuestra pensando en el bienestar de todos y no solamente en las emociones del momento.


El futuro de una nación no depende de quién grita más fuerte o se muestra con “carácter fuerte”, mano dura, y sin temor a juzgar a los demás, a criticar creencias y estilo de vida diferentes a la suya. No depende de quién genera más miedo. Depende de quién piensa con mayor profundidad y genera más soluciones y logra construir oportunidades para todos.


Hoy más que nunca, necesitamos mirar más allá de las emociones pasajeras y preguntarnos: ¿qué decisión beneficiará realmente a las próximas generaciones? Porque nuestros hijos y nietos heredarán las consecuencias de lo que decidamos hoy. Heredarán tierras destruidas o bosques llenos de vida. Heredarán oro y petróleo o agua y alimentos.


Hoy necesitamos ciudadanos sabios, que reconozcan las emociones para tomar decisiones razonables.


Que nadie decida por nosotros. Que nadie manipule nuestras emociones para obtener beneficios.


Que nadie sustituya el pensamiento por consignas, rumores o apariencias. Pensar es una de las habilidades que tenemos, pero es difícil hacerlo al estar en medio de estímulos que nos facilitan tomar decisiones. Es más fácil, sencillo y rápido tomar las decisiones del grupo y ahorrarnos tiempo de tener que pensar y reflexionar, o evitar leer textos largos como este. Para nuestras emociones es más fácil ver videos cortos en Tik tok que investigar a profundidad, y así nos han acostumbrado, a tomar decisiones rápidas sin pensar. Debemos dejar de manipularnos emocionalmente y tomar acción.


Informarnos.

Reflexionar.

Preguntarnos.

Analizar.


Y luego decidir con la serenidad de quien entiende que está participando en la construcción del futuro. Porque cuando un pueblo piensa con libertad, actúa con conciencia y decide con responsabilidad, no existe fuerza capaz de detener su progreso.


El futuro está en nuestras manos. Hagamos que nuestras decisiones estén a la altura de nuestros sueños y no desde las emociones que son pasajeras.


Norman Correa Jaramillo

Psicólogo, Especialista en evaluación y tratamiento de trastornos emocionales y afectivos.

 
 
 

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